lunes, 18 de junio de 2012

EL INDUSTRIALISTA - FEAR FACTORY

Calificación: 7/10.


Fear Factory es para mí uno de esos “placeres culposos”, una banda que a mi criterio tiene su esencia en el poder de lo simple, lo visceral, la repetición y la monotonía. Conocí esta banda tarde, nunca fue de mi interés probablemente por lo mismo que dije anteriormente, pero un día, en mi búsqueda exploratoria de sonidos y ante tanto cubrimiento que se le dio al regreso de la banda con el lanzamiento de un nuevo disco, quise darme el chance de escucharlos. 


Los descubrí con Mechanize, su placa de 2010, en una entrega que sinceramente no esperaba, que me enganchó de inmediato y le dio sentido a lo que antes menospreciaba de la banda. Entonces empecé a estudiar quienes eran estos tipos que por tanto tiempo fueron sacados como taco de mis oídos.


Descubrí el drama de una banda que podría considerarse madre del Nü-metal (género que desprecio con contadas excepciones) pero que lanzó en su momento algo bastante novedoso transformando su música para que tuviera sincronía con su concepto lírico, siendo su primer álbum la primer apología a un futuro de conflictos entre humanos y máquinas (algo medio Terminator, pero al carajo, estaba bien hecho). Además es considerada una de las primeras bandas en mezclar con éxito la potencia de los growls junto a la voz limpia y melódica. Sus dos siguientes lanzamientos los pusieron en la mira de la escena, que veía el nacimiento de una nueva monstruosidad que refrescaba un género en el que parecía haberse explorado todo. Bella época fue esa, fue la época donde el Groove tribal de Sepultura surgió, donde Pantera lanzó sus discos más afilados, donde Metallica lanzó el homónimo álbum negro y llevó el género a la masa, y donde Fear Factory encontró una alternativa que “tecnificó” la pesadez del metal, siendo la meca del metal industrial (me disculpo con los amantes de Ministry, pero eso es más música electrónica que metal). Luego llegó el hijo bastardo, el que terminó de joder la industria y a terminar de enterrar la estaca que el grunge clavó en la generación de la época, afectando el sonido y las composiciones de estas bandas, o ¿acaso no recuerdan lo que pasó con Sepultura y su RootsPantera y su The Great Southern Trendkill, Slayer y su vituperado Diabulus In Musica? Ahí llegó el que es para muchos el punto declive de la máquina del miedo: Digimortal. Algo que decir respecto a esta tendencia moderneta esta en que prefiero toda la vida los trabajos de estas agrupaciones que coquetearon con elementos Nü, a los trabajos regulares de las bandas de Nü.


Con Digimortal la banda entró en una crisis de intereses, el gordito Cazares ya no tenía gran motivación en la ruta compositiva de la banda y en el punto más álgido de su carrera levantó su pesado par de nalgas y se llevó la fiereza de sus riffs secos y puntudos a lo que se llamaría Divine Heresy. Curiosamente pasó lo que sucedió en Sepultura, se fue el líder fundador y compositor principal, y el barco intentó mantenerse a flote. Fear Factory decidió no variar su sonido, jugó sus fichas moviendo a Wolbers del bajo a la guitarra mientras contrataban a un nuevo bajista (Byron Stroud) y trató de sacar la máquina a flote, lanzando un Archetype que me aburre montones, pese a tener aparentemente la misma estructura de sus anteriores entregas, sintiendo el cambio del programa, la falla en el sistema, mejor dicho… la máquina era aparentemente lo mismo pero el sistema operativo era otra versión, como el cambio de Windows XP a Windows Bestia (perdón… Vista), sumado a la lanzada de pestes de lado a lado entre la banda y Cazares, donde éste último se burlaba de los caminos que había tomado la banda y la imposibilidad de Wolbers de proponer riffs novedosos, al punto de decir algo tan divertido e irónico como: “Creí que era yo tocando en ese disco” refiriéndose al Archetype… por otro lado Burton decía que la labor de Wolbers hacía ver que sin Dino la banda pudo haber logrado mucho más. No había reconciliación posible.


Luego siguió un Transgression (2005) que confirmó la sospecha, la banda había perdido totalmente el fuelle y ahora no era más que una parodia de sí misma. La máquina entró en receso y de ella se volvió a saber hasta el 2010 cuando sorpresívamente Dino Cazares y C. Burton Bell fumaban la pipa de la paz y decidían rearmar Fear Factory. Hay que tener presente que la banda fue formada por Dino y Raymond Herrera, luego llegó Burton y esta formación grabó sus 2 primeros discos oficiales (y su no oficial Concrete), mientras que Christian Wolbers llegó para el momento de Obsolete. La banda quedó entonces en un limbo legal muy curioso porque los derechos de Fear Factory están en manos de Wolbers, Herrera y Burton… Burton rearmó FF sin contar con sus otros socios (ni en lo legal, ni en la alineación) reclutando nuevamente a Stroud en el bajo e incluyendo a Gene Hoglan en la batería. El lío legal no tardó, y los nuevos Fear Factory tuvieron que suspender sus eventos programados. Mientras esto ocurría, Wolbers y Herrera se unieron con Pat Kavanagh y Jon Howard (bajo y voz de Threat Signal) y lanzaron un disco llamado Years In Darkness (según Wolbers, eran las composiciones para un nuevo disco de Fear Factory antes de la reconciliación entre Burton y Cazares), cobijados como un nuevo proyecto llamado Arkaea, buscaron ser los nuevos Fear Factory pero pasaron completamente desapercibidos pese a lo interesante de su disco.


Para resumir, la banda de Burton/Cazares no sé como hicieron para capotear el lío legal, pero lanzaron una nueva entrega bajo Fear Factory llamada Mechanize (ese álbum con el que los conocí y mi favorito a la fecha) y la banda fue respaldada por sus fans vendiendo bien y poniéndolos nuevamente en carretera, no con la misma fuerza que en sus mejores años, pero si dándoles un regreso con mucha dignidad.





Ahora, 2 años después, la banda lanza este The Industrialist, un disco que inicia con nuevos dramas, saliendo sin mayores declaraciones los elementos Byron Stroud seguido por Gene Hoglan, dejando la banda en estudio sin bajista ni baterista, pero aun así funcional. La banda anunció nuevos integrantes (Mike Heller en la batería y Matt DeVries en el bajo), pero estos no fueron parte de la grabación de este disco.


Antes de reseñar el material ya tengo un sin sabor previo, las baterías son programadas, no son ejecutadas por algún baterista de sesión, quitándole un poco de credibilidad a lo que se escuchará, mientras que las cuerdas las lleva en batuta el sr. Dino Cazares y todas las voces en estudio son de Burton. The Industrialist es el tema título, inicia con una entrada industrial de esas dramáticas a la que la banda nos tiene acostumbrados hasta que estalla el tema en sí, un tema visceral, frío, acompañado de deliciosos sonidos que enriquecen la canción afilándola al concepto del álbum… la batería está más que bien humanizada, no se siente que haya sido creada por ordenador, sino que tiene el sonido impecable de las entregas junto a Herrera (menudo trabajo se ha fajado John Sankey, el que se encargó de grabar las maquetas y programas las definitivas a lo largo del disco). Un tema más que presentable y un excelente comienzo para la historia de Automaton, una máquina que se hace sensible y comienza a buscar el sentido de su existencia tratando de ayudar al hombre, pero finalmente condenándolo a desaparecer (historia que se desarrolla en el transcurso del álbum).


Recharger es el segundo tema, un interesante riff de entrada que se acelera pronto con la batería, mientras Bell ladra con una encantadora fuerza cada frase, para luego acompañar con sus coros limpios, que al menos en estudio suenan impecables, mientras que la ambientación lograda por su productor sempiterno Rhys Fulber (y compositor auxiliar en 9 de sus 10 temas) hacen de la experiencia algo equilibrado entre agresividad, tecnología y atmosferas oscuras y envolventes. La máquina le quita un poco el pie al acelerador dándole entrada de New Messiah, un tema dramático, menos fiero que los anteriores pero con un encantador estribillo que engancha convirtiéndose en el más memorable de sus tracks hasta el momento. Una intro caótica acompañada de un piano distante son la entrada de la apocalíptica God Eater, un tema lento pero necesario en el desarrollo de este industralista, lleno de samplers, pero sin arriesgar ni un poco la fuerza de lo que se ha logrado hasta el momento. Depraved Mind Murder continúa la línea de densidad, con un trencillo que predeciblemente se acelera por momentos, no es memorable pero da continuidad al buen desarrollo de lo que escucho hasta ahora; Virus Of Faith es un tema afilado que devuelve la velocidad al disco, una canción cañera y directa, que además suena del carajo por los paneos de guitarra que maneja, mientras conecta excelente con Difference Engine, un tema con fórmula de la casa que cumple muy bien. Disassemble entra con todo el poder de la maquina del miedo, que sin mayores variaciones logra mantener vivo el espíritu del redondo con una percusión emocionante y en la que Burton cabalga cómodamente escupiendo cada frase, y ni qué decir de las cuerdas, una orquesta de metralla. Llega la última sección, con una suavizada Religion is Flawed Because… que hace las veces de “balada” instrumental y que se apoya totalmente en la ambientación programada de strings, para continuar la idea y cerrar el disco con la innecesaria Human Augmentation (dos pistas programadas sin ninguna instrumentación).


Mi opinión sobre el disco es totalmente favorable, un industralista que empezó con barreras de entrada tales como una banda fragmentada y una batería programada. Siendo sincero, si no me dicen de la batería digital ni lo descubro, además Bell da sus razones en el siguiente parafraseo “siempre arreglábamos digitalmente las baterías grabadas, en esta ocasión decidimos matar al baterista y agilizar el proceso” http://bit.ly/EntrevistaBurton. Para mí es un disco que supera con creces el fabuloso Mechanize y se pone como un digno sucesor del legado creado con Demanufacture y Obsolete. Veremos que tanto cumplen en el directo, porque la voz de Burton siempre se ha muy quedado corta (las limpias son para cagarse de risa) para interpretar en vivo lo que en estudio maquilla de manera tan sublime.

No son para nada innovadores, nadan en aguas seguras y repiten la fórmula una vez más, pero lo hacen con decoro. Odiosa manera de demostrarlo, pero no se puede negar, Burton y Cazares son el eje creativo y ejecutor de Fear Factory, por más que Herrera y Wolbers quieran tener parte en el reino de esta máquina, de querer hacerse una reputación a punta de avemarías ajenas. 




viernes, 1 de junio de 2012

Mortification – Scribe Of The Pentateuch



Calificación: 4/10


Mortification es una de esas bandas que despiertan amores y odios, más odios por la temática que siempre los ha distinguido desde los lejanos tiempos de Lightforce. No es para menos, fueron según entiendo, la primer banda góspel de metal extremo, un campo hasta ese momento “inmaculado” para los más puristas. No solo fueron pioneros sino que lograron poner los ojos de la prensa especializada sobre ellos, incluso logrando ficharse con un sello tan distinguido como Nuclear Blast.

Mucho ha llovido ya desde esas épocas de su trilogía dorada (al menos para mí) donde salieron los intrañables Mortification (1991), Scrolls of the Megilloth (1992) y el genial Post Momentary Affliction (1993) acompañados del directazo Live Planetarium donde quedó registrado todo el poder en vivo de esa formación. Luego las cosas cambiaron, el trío de esas perlas del thrash y death metal se desmembró, siendo Jayson Sherlock (batería) el primero en saltar del barco, y luego de su siguiente disco, el Blood World, se fuera Michael Carlisle (guitarra), dejando como único miembro original a Steve Rowe, un ícono del metal cristiano, conocido y respetado no solo por su música.

Luego del Post Momentary, se comenzó a sentir la ausencia de su formación más exitosa. Las composiciones se fueron haciendo menos contundentes, y por alguna razón, la banda empezó a tener una rotación de músicos resumida en 6 bateristas oficiales (más uno de estudio) y 5 guitarristas (más 3 guitarristas invitados), afectando a mi criterio, la solidez de sus siguientes lanzamientos, donde encuentro cada vez menos momentos memorables (a excepción del refrescante Erasing the Goblin del 2006, un disco a la altura de sus mejores redondos), aunque debo reconocer que cada placa tiene sus joyas, escasas pero las tiene. Agreguemos a esta historia la leucemia de Rowe y su increíble recuperación, la quiebra económica por su tratamiento y el decaimiento de la popularidad de su banda, porque algo si es cierto en la vida de este hombre: ha vivido la mortificación en toda su expresión.

Este disco es el número 15 en su ya dilatada carrera, siendo propiamente un EP de 6 composiciones nuevas, junto a 4 de sus mejores temas de sus 4 últimos lanzamientos. Mortification para bien y para mal se ha distinguido por sus experimentaciones sonoras, comenzando como una banda de thrash, pasando por el death más extremo, para luego incursionar con el groove, la percusión tribal y demás variaciones. Este disco entra con la primicia de ser la experimentación de la banda con el black y el folk metal.

Empecemos entonces a disecar esta nueva aventura de Rowe y su combo revisando la carátula: En mi concepto es la más horrenda, mediocre e incomprensible que les haya visto (y vaya que la tenían fácil después de la infantil portada de su inmediatamente anterior The Evil Addiction Destroying Machine). Ese mal comienzo se olvida pronto al arrancar con Extradiefor, un tema que bien pudo ser del Erasing the Goblin, con unas variaciones de voz rasgada que no me convencen del todo pero que no estorban el transcurso de la canción, en un track variado en su estructura, disfrutable y excelente bocado de apertura a este scribeScribe of the Pentateuch comienza con una marcha densa prometedora que se va al carajo en un estribillo ridículo y forzado donde Rowe casi destruye la canción quitándole toda la coherencia a lo que su banda hace tras de él… pero cuando llega su coro en voz melódica (cosa que en ninguno de sus 14 discos anteriores había escuchado) me corre una fría sensación de ridículo y disgusto por la metida de pata usando ese folk robado de Holyblood pero completamente desafinado reduciendo mi opinión a esto: una real porquería de canción. The Jaws of Life, es un tema por momentos interesante pero que me deja un tufillo a plagio en sus figuras de guitarra a Cradle Of Filth, específicamente a partes de la canción Beneath the Howling Stars del Cruelty and the Beast, aunque estoy seguro que hay frases que son mucho más parecidas a temas que he escuchado antes pero que no tengo presente para citar en este momento, pero de que hay calco hay calco, estoy seguro. En In Garland Hall me encuentro otro coqueteo con el folk de Holyblood que mutila la intención de la composición y se la da de comer a los perros, en un insufrible y desordenado momento sonoro que no tiene pies ni cabeza siendo otro desperdicio. Weapons of Mass Salvation inicia las líneas de bajo de un tema caótico y lento, que no tarda en acelerarse sonando muy acertado, remembrando un poco lo viejo de la banda, con esas variaciones de voz que definitivamente no me entrarán ni a palos. La experiencia cierra The White Death, otro tema decente, pese a los coritos (¿qué carajos pensaba Rowe cuando decidió creerse el cuento de que tenía voz para eso y que a Morti le iba a sentar bien?), aunque por momentos lo siento algo reforzado, como si fueran pedazos reciclados de varias canciones unidos a las malas.

Lo que sigue tristemente es mucho más agradable, rescatándose un tema de cada uno de sus últimos 4 discos, iniciando con la afilada Priest of the Underground de su ya lejano Relentless, seguida por Too Much Pain de su rescatable Brain Cleaner, continuado por el tema título Erasing the Goblin y cerrado con la canción Elastisized Outrage, uno de esos temas sacados con pinzas del decepcionante The Evil Addiction Destroying Machine.

Los 6 temitas nuevos de Mortification me dejan frío porque no se salvan, pese a la buena producción, la excelente ejecución del desconocido Lincon Bowen en la guitarra y no menos anónimo Andrew Esnouf en la batería, sumado al cuerpo del bajo de Steve... La cosa falla, no funciona como debe y pierde su rumbo en composiciones dolorosamente absurdas, casi ridículas, de una banda que muestra señales terminales de agotamiento compositivo. Este Scribe es otro mal paso de la banda que se salva de la quema por sus convenientemente seleccionados 4 bonus tracks que me sirven de motivador para recorrer las increíbles mejores épocas de la banda, porque con esta entrega se cumple a cabal eso de “todo tiempo pasado fue mejor”.

Lista de Canciones:
1. Extradiefor
2. Scribe Of The Pentateuch
3. The Jaws Of Life
4. In Garland Hall
5. Weapons Of Mass Salvation
6. The White Death

Bonus Tracks
7. Priests Of The Underground
8. Too Much Pain
9. Erasing The Goblin
10. Elastisized Outrage



Formación:
- Steve Rowe: Bajo/Voz
- Lincoln Bowen: Guitarra
- Andrew Esnouf: Batería