Fear Factory es para mí uno de esos “placeres culposos”, una banda que a mi criterio tiene su esencia en el poder de lo simple, lo visceral, la repetición y la monotonía. Conocí esta banda tarde, nunca fue de mi interés probablemente por lo mismo que dije anteriormente, pero un día, en mi búsqueda exploratoria de sonidos y ante tanto cubrimiento que se le dio al regreso de la banda con el lanzamiento de un nuevo disco, quise darme el chance de escucharlos.
Los descubrí con Mechanize, su placa de 2010, en una entrega que sinceramente no esperaba, que me enganchó de inmediato y le dio sentido a lo que antes menospreciaba de la banda. Entonces empecé a estudiar quienes eran estos tipos que por tanto tiempo fueron sacados como taco de mis oídos.
Descubrí el drama de una banda que podría considerarse madre del Nü-metal (género que desprecio con contadas excepciones) pero que lanzó en su momento algo bastante novedoso transformando su música para que tuviera sincronía con su concepto lírico, siendo su primer álbum la primer apología a un futuro de conflictos entre humanos y máquinas (algo medio Terminator, pero al carajo, estaba bien hecho). Además es considerada una de las primeras bandas en mezclar con éxito la potencia de los growls junto a la voz limpia y melódica. Sus dos siguientes lanzamientos los pusieron en la mira de la escena, que veía el nacimiento de una nueva monstruosidad que refrescaba un género en el que parecía haberse explorado todo. Bella época fue esa, fue la época donde el Groove tribal de Sepultura surgió, donde Pantera lanzó sus discos más afilados, donde Metallica lanzó el homónimo álbum negro y llevó el género a la masa, y donde Fear Factory encontró una alternativa que “tecnificó” la pesadez del metal, siendo la meca del metal industrial (me disculpo con los amantes de Ministry, pero eso es más música electrónica que metal). Luego llegó el hijo bastardo, el que terminó de joder la industria y a terminar de enterrar la estaca que el grunge clavó en la generación de la época, afectando el sonido y las composiciones de estas bandas, o ¿acaso no recuerdan lo que pasó con Sepultura y su Roots, Pantera y su The Great Southern Trendkill, Slayer y su vituperado Diabulus In Musica? Ahí llegó el que es para muchos el punto declive de la máquina del miedo: Digimortal. Algo que decir respecto a esta tendencia moderneta esta en que prefiero toda la vida los trabajos de estas agrupaciones que coquetearon con elementos Nü, a los trabajos regulares de las bandas de Nü.
Con Digimortal la banda entró en una crisis de intereses, el gordito Cazares ya no tenía gran motivación en la ruta compositiva de la banda y en el punto más álgido de su carrera levantó su pesado par de nalgas y se llevó la fiereza de sus riffs secos y puntudos a lo que se llamaría Divine Heresy. Curiosamente pasó lo que sucedió en Sepultura, se fue el líder fundador y compositor principal, y el barco intentó mantenerse a flote. Fear Factory decidió no variar su sonido, jugó sus fichas moviendo a Wolbers del bajo a la guitarra mientras contrataban a un nuevo bajista (Byron Stroud) y trató de sacar la máquina a flote, lanzando un Archetype que me aburre montones, pese a tener aparentemente la misma estructura de sus anteriores entregas, sintiendo el cambio del programa, la falla en el sistema, mejor dicho… la máquina era aparentemente lo mismo pero el sistema operativo era otra versión, como el cambio de Windows XP a Windows Bestia (perdón… Vista), sumado a la lanzada de pestes de lado a lado entre la banda y Cazares, donde éste último se burlaba de los caminos que había tomado la banda y la imposibilidad de Wolbers de proponer riffs novedosos, al punto de decir algo tan divertido e irónico como: “Creí que era yo tocando en ese disco” refiriéndose al Archetype… por otro lado Burton decía que la labor de Wolbers hacía ver que sin Dino la banda pudo haber logrado mucho más. No había reconciliación posible.
Luego siguió un Transgression (2005) que confirmó la sospecha, la banda había perdido totalmente el fuelle y ahora no era más que una parodia de sí misma. La máquina entró en receso y de ella se volvió a saber hasta el 2010 cuando sorpresívamente Dino Cazares y C. Burton Bell fumaban la pipa de la paz y decidían rearmar Fear Factory. Hay que tener presente que la banda fue formada por Dino y Raymond Herrera, luego llegó Burton y esta formación grabó sus 2 primeros discos oficiales (y su no oficial Concrete), mientras que Christian Wolbers llegó para el momento de Obsolete. La banda quedó entonces en un limbo legal muy curioso porque los derechos de Fear Factory están en manos de Wolbers, Herrera y Burton… Burton rearmó FF sin contar con sus otros socios (ni en lo legal, ni en la alineación) reclutando nuevamente a Stroud en el bajo e incluyendo a Gene Hoglan en la batería. El lío legal no tardó, y los nuevos Fear Factory tuvieron que suspender sus eventos programados. Mientras esto ocurría, Wolbers y Herrera se unieron con Pat Kavanagh y Jon Howard (bajo y voz de Threat Signal) y lanzaron un disco llamado Years In Darkness (según Wolbers, eran las composiciones para un nuevo disco de Fear Factory antes de la reconciliación entre Burton y Cazares), cobijados como un nuevo proyecto llamado Arkaea, buscaron ser los nuevos Fear Factory pero pasaron completamente desapercibidos pese a lo interesante de su disco.
Para resumir, la banda de Burton/Cazares no sé como hicieron para capotear el lío legal, pero lanzaron una nueva entrega bajo Fear Factory llamada Mechanize (ese álbum con el que los conocí y mi favorito a la fecha) y la banda fue respaldada por sus fans vendiendo bien y poniéndolos nuevamente en carretera, no con la misma fuerza que en sus mejores años, pero si dándoles un regreso con mucha dignidad.
Ahora, 2 años después, la banda lanza este The Industrialist, un disco que inicia con nuevos dramas, saliendo sin mayores declaraciones los elementos Byron Stroud seguido por Gene Hoglan, dejando la banda en estudio sin bajista ni baterista, pero aun así funcional. La banda anunció nuevos integrantes (Mike Heller en la batería y Matt DeVries en el bajo), pero estos no fueron parte de la grabación de este disco.
Antes de reseñar el material ya tengo un sin sabor previo, las baterías son programadas, no son ejecutadas por algún baterista de sesión, quitándole un poco de credibilidad a lo que se escuchará, mientras que las cuerdas las lleva en batuta el sr. Dino Cazares y todas las voces en estudio son de Burton. The Industrialist es el tema título, inicia con una entrada industrial de esas dramáticas a la que la banda nos tiene acostumbrados hasta que estalla el tema en sí, un tema visceral, frío, acompañado de deliciosos sonidos que enriquecen la canción afilándola al concepto del álbum… la batería está más que bien humanizada, no se siente que haya sido creada por ordenador, sino que tiene el sonido impecable de las entregas junto a Herrera (menudo trabajo se ha fajado John Sankey, el que se encargó de grabar las maquetas y programas las definitivas a lo largo del disco). Un tema más que presentable y un excelente comienzo para la historia de Automaton, una máquina que se hace sensible y comienza a buscar el sentido de su existencia tratando de ayudar al hombre, pero finalmente condenándolo a desaparecer (historia que se desarrolla en el transcurso del álbum).
Recharger es el segundo tema, un interesante riff de entrada que se acelera pronto con la batería, mientras Bell ladra con una encantadora fuerza cada frase, para luego acompañar con sus coros limpios, que al menos en estudio suenan impecables, mientras que la ambientación lograda por su productor sempiterno Rhys Fulber (y compositor auxiliar en 9 de sus 10 temas) hacen de la experiencia algo equilibrado entre agresividad, tecnología y atmosferas oscuras y envolventes. La máquina le quita un poco el pie al acelerador dándole entrada de New Messiah, un tema dramático, menos fiero que los anteriores pero con un encantador estribillo que engancha convirtiéndose en el más memorable de sus tracks hasta el momento. Una intro caótica acompañada de un piano distante son la entrada de la apocalíptica God Eater, un tema lento pero necesario en el desarrollo de este industralista, lleno de samplers, pero sin arriesgar ni un poco la fuerza de lo que se ha logrado hasta el momento. Depraved Mind Murder continúa la línea de densidad, con un trencillo que predeciblemente se acelera por momentos, no es memorable pero da continuidad al buen desarrollo de lo que escucho hasta ahora; Virus Of Faith es un tema afilado que devuelve la velocidad al disco, una canción cañera y directa, que además suena del carajo por los paneos de guitarra que maneja, mientras conecta excelente con Difference Engine, un tema con fórmula de la casa que cumple muy bien. Disassemble entra con todo el poder de la maquina del miedo, que sin mayores variaciones logra mantener vivo el espíritu del redondo con una percusión emocionante y en la que Burton cabalga cómodamente escupiendo cada frase, y ni qué decir de las cuerdas, una orquesta de metralla. Llega la última sección, con una suavizada Religion is Flawed Because… que hace las veces de “balada” instrumental y que se apoya totalmente en la ambientación programada de strings, para continuar la idea y cerrar el disco con la innecesaria Human Augmentation (dos pistas programadas sin ninguna instrumentación).
Mi opinión sobre el disco es totalmente favorable, un industralista que empezó con barreras de entrada tales como una banda fragmentada y una batería programada. Siendo sincero, si no me dicen de la batería digital ni lo descubro, además Bell da sus razones en el siguiente parafraseo “siempre arreglábamos digitalmente las baterías grabadas, en esta ocasión decidimos matar al baterista y agilizar el proceso” http://bit.ly/EntrevistaBurton. Para mí es un disco que supera con creces el fabuloso Mechanize y se pone como un digno sucesor del legado creado con Demanufacture y Obsolete. Veremos que tanto cumplen en el directo, porque la voz de Burton siempre se ha muy quedado corta (las limpias son para cagarse de risa) para interpretar en vivo lo que en estudio maquilla de manera tan sublime.



